15 agosto, 2020

El novio de mi mejor amiga

Era hora de comer y lo haríamos en casa de Alberto, su novia yo y una amiga. Era la primera vez que iba a su casa. Él era el novio de mi mejor amiga, rubio de pelo corto y ojos azules. Un chico alto y con un buen físico y unos abdominales definidos, había mejorado mucho gracias en parte al remo. Se rumoreaba que le medía unos 22 centímetros, un pollón para sus 18 años. Yo lo había visto un par de veces en calzoncillos y la verdad es que se le marcaba un buen rabo.
Llegamos todos a casa de Alberto y al acabar de comer nos sentamos un rato a hablar de nuestros temas y sobre el futuro. Al rato las niñas dijeron que irían de compras, que volverían en poco más de dos horas. Yo no puse impedimento, puesto que me iba a quedar a solas con Alberto en su casa, eso sí, sin esperar que ocurriese nada puesto que ya había tenido sexo con mujeres y tenía novia. Cuando se marcharon, no sabíamos que hacer y decidimos echar unas partidas a la consola, los dos éramos malos así que no reímos un rato. Cuando nos cansamos apagamos y se nos acabaron la ideas, aunque salió la parte más guarra de Alberto.

-Que tío, ¿ponemos una buena chica?

-Vale -yo asentí haciéndome el hetero, puesto que nadie conoce mi homosexualidad-.
Estábamos sentados en un sofá y cogió su ordenador portátil. Busco en internet hasta poner el vídeo de una tía en pelotas. Ambos mirábamos atentamente y a los dos minutos bajé la mirada al pantalón de Alberto que estaba medio empalmado.

-Vaya follada tiene -dijo-.

-Si bueno… -contesté-.

-¿Cómo que bueno? -en tono de asombro-.

-Yo es que… -lanzándole una mirada caliente-.

-Ni que fueras maricón -contestó riéndose-.

Yo no aguanté más y le eché valor, deslicé mi mano hasta su paquete y lo primero que hizo fue apartarse.

-Eh, ¡que cojones haces! -mientras yo no sabía donde meterme-.

-Me estás calentando mucho -yo empecé a tocarle el culo y acercarme a él y empezaba a dejarse-.

-Bueno… pobrar cosas nuevas… ¿por qué no? -se empezó a reír-.

No tardó nada en empezar a besarme con esos labios perfectos. Al momento se levantó y fue a su habitación.

-Espera, voy a hacer una cosa, vengo ahora.

-Vale, aprovecha y desempalmate algo así empezamos bien desde el principio jaja -ambos nos reímos-.

Yo no era el más indicado, puesto que mi verga de 16,5 cm ya estaba más que levantada y yo no sabía con que entretenerme mientras lo esperaba. Empecé a imaginarme su rabo cuando al momento entraba por la puerta, pero no como antes no. Se había puesto las mallas de remo que le marcaban todo el rabo y dejaban ver una parte de su pecho, además para complementar también se calzó con los zapatos de traje. Yo creía que mi corrida iba a ser momentánea.

Alberto me levantó del sofá y me volvió a besar, mientras yo le tocaba su paquete y le agarraba sus bonitas cachas. Poco a poco le empecé a bajar las mallas dejando al descubierto sus abdominales. Empecé a chuparle esos ricos pezones y a lamer su marcada tableta. Seguía sin creérmelo.

-Te gusta eh mariconazo-me dijo con tono de mandón-. Pues ahora viene lo mejor, ya verás como los rumores se cuentan por algo.

Al momento me empujó y me arrodilló poniendo mi cabeza contra su marcado rabo todavía tapado por las mallas pero que se definía perfectamente, era enorme. Con un simple “come puta” dejó al aire ese tronco de 22 centímetros que me metió en la boca al momento, cogiendo mi cabeza con sus manos y metiendo la polla en mi boca a su gusto. Yo mientras disfrutaba de tan enorme y rica verga, utilizaba una mano para agarrar sus ricas cachas y la otra para acariciar sus bonitos zapatos. Él continuaba cada vez más rápido, hasta que dijo que era libre y que e hiciese lo que quisiese. Yo agarré su polla y le empecé a hacer una buena paja, poco a poco empecé a besar la puntita entre sus gritos de gozo, sobre todo cuando la punta de mi lengua recorría de arriba a abajo toda su polla. “Como me gusta cabrón” me decía entre gemidos. Luego ya empecé a comérsela yo a mi ritmo parando de vez en cuando para masturbarle. Así pasamos unos cinco minutos, hasta que ordenó que me levantara. Yo me fui poniendo en pie a medida que iba lamiendo su cuerpo hasta llegar a la boca cuando me volvió a besar de nuevo y empezó a desnudarme. Él ya no tenía las mallas por lo que se quedó completamente en pelotas a excepción de los zapatos, que continuaban puestos, no me importaba la verdad, eran negros y bonitos y me ponían bastante. Sólo le quedaba bajarme los calzoncillos y mi polla empalmada y a punto de reventar salió a la luz. Alberto con sus largos y suaves dedos la agarró y la empezó a mover hacia adelante y hacía atrás, yo hacía lo mismo con la suya, continuamos hasta que me empujó contra el sofá haciéndome quedar a cuatro patas. No lo dudó y empezó a escupir en mi culo pasando su lengua en un par de ocasiones, pero poco a poco me empezó a meter sus dedos mientras yo gemía bien alto.

-Pues ya verás ahora cuando te meta todo el rabo, maricón -en tono amenzante-.

Se acababa de poner el condón cuando ya sentí la punta de su polla en mi agujero. “Te vas a enterar” y poco a poco fue metiendo su enorme polla en mi culo. Yo gritaba de dolor y de placer, pero más de lo segundo. El ya tenía experiencia por lo que gozaba como un cabrón. Cada vez iba más rápido y el decía frases para ponerme más burro todavía, “te gusta puta” o “toma de lo tuyo puto gay”. Decidió parar, me levantó y se sentó en el sofá mientras nos besábamos, me dijo “venga encima, cabalga y dale tú como quieras”.
sexo-con-alberto
Yo me senté mirando hacia él para poder besarlo y tocarle ese cuerpazo. Agarré su polla con condón para metérmela mejor y poco a poco empecé a cabalgar, dejándola toda dentro de mi culo en ocasiones para comerle la boca y tocarle los pezones, yo gemía cada vez que lo besaba y el igual, yo lo sentía muy caliente por lo que me mandó que me sentara a su lado. Los dos nos empezamos a pajear mientras nos besábamos y yo no aguanté nada por lo que me puse de pie en el sofá y me corrié en su cara “que cabrón” me dijo riendose “pero esta te la devuelvo”. Él se sentó encima de mi mientras no se corría. Yo le empecé a lamer los zapatos esos que llevaba y las piernas, llegando a los huevos. Todo esto hizo que no tardase nada en correrse. Se puso de pie en el sofá, como había hecho yo, y empezó a gritar y gemir de placer mientras cinco chorrazos de lefa me llenaron la cara de su semen, yo para hacerlo gozar más me volví a meter su polla en la boca disfrutando sus ultimas gotas y el gozando como una perra.

-Bueno, será mejor que nos duchemos antes de que vengan las chicas, que te recuerdo que una es mi novia. Como digas algo…

-No, no, tranquilo te podemos compartir…

-Bueno, está bien, la verdad es que me pone mucho todo esto.

Lo acompañé a su habitación a guardar las mallas y a dejar los zapatos “me pusiste muy cachondo con esto” le dije a lo que me contestó que entonces habría que repetirlo. Nos duchamos, ya en calma el seguía teniendo una buena polla larga y gorda que tocabamos mientras nos limpiábamos el uno al otro.
Ya vestidos, nos estuvimos besando y tocándonos la polla y las cachas hasta que regresaron nuestras amigas…

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