Las primeras mamadas a mi mejor amigo

Me llamo Javier, tengo 23 años y soy de un pueblo de Castilla y León, aunque actualmente vivo en Madrid. Durante mi adolescencia tenía un amigo, José, con el tenía una relación muy estrecha, íbamos al colegio juntos, hacíamos deporte juntos, e incluso actuábamos en el mismo grupo de teatro. José era moreno y flaco, pero tenía una polla enorme, algo de lo que desde niños nos reíamos mucho.

Al principio sólo eran bromas infantiles, pero según nos convertíamos en adolescentes las bromas cambiaron. Descubrimos el porno juntos, y con frecuencia alquilábamos alguna película o veíamos vídeos en la televisión, y nos hacíamos pajas uno al lado del otro, aunque eso sí, tapándonos con un cojín para que no se viera nada.

Debo decir que siempre hemos sido heterosexuales, de hecho siempre estábamos contándonos cosas de chicas, pero aún éramos muy jóvenes para que consiguiéramos algo más que liarnos con alguna. Además, la adolescencia es una época para experimentar.

Con el tiempo, cada vez que quedábamos para ver porno y hacernos pajas a mí me excitaba más y más saber que mi amigo tenía la polla fuera justo a mi lado. Solía imaginarme que hacía como las chicas de las películas y que me lanzaba sobre su polla para metérmela en la boca, pero siempre me echaba para atrás en el último momento, por miedo a que me rechazara. Hasta que surgió la oportunidad.

Una noche, se quedó a dormir en mi casa, como otras tantas veces, pero ese día estábamos solos ya que mi familia estaba de viaje. Nos sentamos en el sofá, pusimos una película y nos empezamos a pajear. Disimuladamente, apagué el televisor cuando ya estábamos bastante calientes.

—Maldita sea —dije, fingiendo que se había estropeado, y levantándome para quitar con sigilo el enchufe.

—No me jodas que se ha roto!, exclamó José.

Estuvimos unos minutos examinando el vídeo. Aproveché para ponerme detrás de mi amigo y rozar levemente su culo con mi erección, ya tapada por el pantalón del pijama. Justo antes de separarme de él moví la polla un poco para asegurarme de que la notaba e intentar calentarle un poco más.

—Bueno, me sé de dos que hoy se van a ir sin descargar a la cama, dije sonriendo.

—Ya tío, menuda putada, estaba a punto de correrme.

La siguiente fase de mi plan estaba en marcha. Normalmente, cuando se quedaba a dormir en mi casa sacábamos el colchón que hay debajo de mi cama, pero ese día yo lo había dejado dentro a posta, y convencí a mi amigo de que mejor dormíamos los dos en la cama, que era muy tarde para andar sacándolo, que haríamos ruido. Al final José aceptó.

Nos tumbamos uno al lado del otro, boca arriba, y empecé a notar cómo volvía la excitación, que se había apagado un poco mientras fingía que intentaba arreglar el vídeo.

—Vamos a tener que dormir boca arriba como no bajemos esto, comenté. Intentando hacer una broma, y los dos nos reímos. Empezamos a mirar cómo se notaban nuestras pollas erectas debajo de la sábana, y a hacer el tonto con los dedos. Yo fingía que mis dedos eran una persona caminando y de repente se encontraban la tienda de campaña de mi amigo. Le estaba tocando la polla por encima del edredón, y cada vez me recreaba más.

Las risas empezaron a sustituirse por respiraciones agitadas, en tanto que mi mano cada vez hacía menos el tonto y sobaba más la polla que había debajo del edredón. Notaba mis pulsaciones acelerándose por la excitación del momento, hasta que, sin decir nada, metí la mano por debajo de la sábana y agarré la polla de mi amigo. Estaba caliente, y parecía responder al contacto con mi mano, creciendo poco a poco.

Como estábamos en penumbra, no podíamos mirarnos a la cara, lo cual era una ventaja. Empecé a mover mi mano lentamente, mientras José respiraba con fuerza intentando reprimir los gemidos. Bajé un poco para tener una postura más cómoda mientras seguía masturbándole, y también para que él pudiera recostarse en la cama por completo.

Poco a poco, acerqué mi boca a su polla. En la oscuridad de la habitación no podía ver nada, pero la tenía completamente controlada con la mano, ahora ya haciendo una paja a bastante velocidad, mientras mi amigo gemía de placer. No pude aguantar más y saqué mi lengua, arrancándole un suspiro cuando notó la humedad en la punta de su glande. Entonces coloqué la polla sobre mis labios y me la introduje en la boca sin dejar de pajearla.

No sabía muy bien cómo hacerlo y temía hacerle daño, así que me limité a seguir haciéndole una paja con la punta de la polla en mi boca. El ruido que hacía al salir y entrar, mojada con mi saliva, me estaba poniendo muy cachondo. De repente, José me agarró la cabeza y me tumbó sobre la cama. Se puso de rodillas en mi cara y me agarró mis dos manos, metiéndolas debajo de la almohada. Al mismo tiempo me puso la polla en la boca. Yo entendí lo que quería y me afané en comérsela, aunque como no podía mover mucho el cuello, él pronto se cansó y empezó a follarme la boca.

Mi propia polla estaba a punto de reventar, mientras mi amigo sujetaba mis manos desde encima de la almohada con una mano, y con la otra agarraba mi cabeza. Coloqué mis labios para que su polla entrase fácil en mi boca mientras le daba lengüetazos y gemía como una puta, hasta que José, como un gemido enorme, empezó a correrse. Yo no estaba preparado, y su leche me llenó la garganta produciéndome arcadas. Intenté toser con su polla todavía en mi boca, y el semen se me salió por la comisura de los labios. Mi amigo se quitó de encima y yo aproveché para ir al cuarto de baño a enjuagarme la boca.

Cuando regresé, él se estaba haciendo el dormido. Me acosté a su lado y nos quedamos en silencio, incómodos, hasta que nos dormimos de verdad.

Por la mañana, nos despertamos prácticamente a la vez. Habíamos dormido arropados y estábamos sudorosos y acalorados. Mientras permanecíamos tumbados boca arriba, estirándonos en la cama y riéndonos todavía con un poco de nerviosismo, aproveché un movimiento para volver a ponerle la mano en la polla.

Como si hubiéramos pulsado un botón, nos empezamos a besar como locos, moviendo nuestras lenguas a toda velocidad y comiéndonos la boca mientras nos arrancábamos la ropa y la tirábamos al suelo. Rápidamente me puse a cuatro patas a los pies de la cama mientras volvía a meterme su polla en la boca sin dejar de gemir. Esta vez era mi cabeza la que hacía la paja mientras mi mano sólo la sujetaba. Aproveché para empezar a tocar mi polla, que desde la noche anterior estaba deseando correrse. Solté un poco de líquido preseminal, y aproveché mi postura para restregármelo por el culo.

Cuando José empezó a gemir, me di la vuelta y dirigí su enorme polla hacia mi culo. Él se puso de rodillas y, agarrándome de las caderas, empezó a metérmela muy despacio. Al principio fue un poco doloroso, pero pronto mi culo se adaptó y empecé a disfrutar como un loco. José me follaba lento pero con fuerza, y sentía mezclarse nuestro sudor, excitándome como una perra en celo. Pronto movió su mano derecha y empezó a hacerme una paja mientras me follaba.

Me corrí veinte segundos más tarde, soltando chorros de semen acumulados desde la noche anterior hacia todas direcciones, mientras mi amigo seguía follándose mi culo. Yo me había quedado algo mareado y me empezaba a doler, así que la sacó y se puso de pie el otro lado de la cama, donde yo había apoyado la cabeza. Empezó a pajearse en mi cara, mientras yo le sobaba los huevos, hasta que se corrió sobre mis labios cerrados, llenándome de leche.

El resto del día estuve con el culo dolorido, pero esa misma tarde mi amigo, ya desde su casa, me llamó por teléfono.

—Vamos a tener que dormir más veces juntos.

dingofebrero@gmail.com

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